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… me obligo a aceptar todos los párrafos porque se me han ocurrido!

Un cuento en el que no hay nada que contar

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Una rama.

Érase una vez una rama. Una tierna y pequeña rama sujeta a un árbol, apenas a unos escasos metros del suelo. Su esbeltez no la hacía fácilmente detectable junto al tronco y era tan frágil que parecía estar a punto de quebrarse en cualquier momento.

No obstante, pesar de su delicado exterior, era muy fuerte. Mecida terca y dulcemente en las brisas, esperaba, aún con más ansias que sus demás compañeras, los días en que vinieran los tiempos mejores para desarrollarse y crecer. Aguardaba con más ilusión que ninguna la primavera para madurar, llenarse de hojas y serle útil a su árbol, para poder ofrendarle, en agradecimiento por su protección y sombra, sus frutos. Preparándose para ello, día a día aspiraba religiosamente el rocío de la mañana, se elevaba animosamente al sol y se aferraba con su endeble pero jovial brazo al amanecer. Era la única que se mantenía derechita y sin apenas moverse las tempestades y que soportaba heroicamente al viento y sus embates. Y hacía, además, algo aún más importante: soñaba, porque los sueños, más aún q la reparadora savia, eran quienes verdaderamente la alimentaban y le brindaban las muy saludables luces de la esperanza.

Uno a uno, los meses pasaban… pero el tiempo del cambio, para ella, jamás llegaba. Para su confusión y desconsuelo, en tanto el resto del árbol, incitado por los albores de la primavera, se desperezaba, reverdecía y se expandía, por el contrario, la ramita, más y más pequeña se veía. Continuaba casi al mismo nivel del suelo, no había ganado medidas ni peso, no tenía hojas ni había mejorado su aspecto. Las demás ramas, por su parte, susurraban, cuchicheaban… le compadecían, pero no la marginaban. Por alguna razón, parecía no poder crecer.

La ramita lo soportaba. O al menos eso creía hacer. Con sentimientos arrobados, propios de su naturaleza impresionable y extraña, en cuanto sintió al primer fruto aparecer de entre las entrañas del árbol, reparó de pronto en una llaga proveniente de uno de sus nudos. La inequívoca señal de que era corroída por la envidia. Alzó la vista. Otros bulbos, en diferentes ramas, también se abrían. En ese momento quiso huir. Ya no se sentía capaz de permanecer allí.

Ese día, con tantas, o más ansias con las que había esperado la primavera, ahora esperaba la noche. Usaría de pretexto al viento. Se inclinó… se estiró… dio un salto… y algo, sin más, desde su base, junto al nudo, hizo ‘crack’. ¡Fue tan fácil! Cayó y no se sintió jamás tan unida a algo que cuando su tenue corporeidad rozó finalmente la tierra. Musgo fresco y cálido, algo suave y envolvente sobre lo cual soltarse… y caer. No era ya parte de algo, si no tan sólo una sola, tan sólo una “alguien” sintiendo por primera vez en su interior, el crudo y cortante desgarro que la separaba de la sin razón de una existencia vana, desentendida, vacía, proveniente del ansia de subsistir, mas no de existir. Concientemente, había dejado de formar parte de un gran cuerpo mantenedor y pródigo, al cual no era capaz de retribuir con frutos y ahora, más que nunca, era tan sólo una rama, una ramita, como nunca antes lo sintió. Y le gustó. Cómo no se fue antes.

Por primera vez en su vida, se sintió libre. Vagó por varios días en la sin razón, escuchando a los diferentes tipos de aires nocturnos zumbar a su alrededor y dejándose arrastrar por el viento. Si a alguien seguía, era a su corazón, quebrándose aún más, desgarrándose, doliéndose en el viaje, sorbiendo y recordando a ratos, para envalentonarse, el dulce amargor de la insipidez de una existencia rechazada con alegría. Jamás había sido tan feliz. Y jamás, tampoco, se había sentido más sola.

Se fue llenando de experiencias. Si bien nunca de dejó de cabalgar en la brisa, los días, ahora los pasaba mirando al cielo, jugando con los insectos, oliendo el prado y siempre descubriendo, observando, aprendiendo. Por las noches, se dejaba acariciar por la luna, descansando luego semi escondida en la penumbra, atendiendo al canto de los ruiseñores y clasificando a las distintas clases de misteriosos e interesantes cazadores nocturnos. Antes, la frondosidad del árbol le había impedido ver las estrellas. Ahora se dormía contándolas. Y hubo ocasiones también, en tanto soñaba (porque había vuelto a soñar, sólo que ahora sus sueños eran muy distintos) en que recordaba su partida y volvía a sentirse invadida por la nostalgia… Añoraba algo, le faltaba algo. Pese a todo, pese a la libertad, aún pese a sí misma, algo le dolía. No sabía qué. Otra cosa que desconocía era que, con el tiempo, había cambiado. No sólo externamente, si no también en su interior. Ahora comprendía que había otras formas de dolor diferentes y más profundas a las de simplemente no poder dar frutos. No era que alguna vez pensara en volver, no, eso nunca (además ya ni siquiera había la posibilidad de dar vuelta atrás). Sólo que… sólo que…

Esa tarde, sin embargo, se sintió muy extraña. Tenía sueño, mucho sueño, más del que le aparecía cada vez que terminaba de contar estrellas. Se sentía aún más frágil que cuando estaba en el árbol y definitivamente, mucho más débil. Decidió dormir temprano, no aguantaba más. Además, lo bueno de acostarse temprano era que al día siguiente podría levantarse temprano y contemplar el amanecer.

Durmió bien hasta poco antes de la media noche, sintiéndose sólo levemente sobresaltada por un mal sueño. En él, se veía a sí misma regresando de nuevo al árbol y siendo unida de nuevo a éste con cera caliente. Era tanta la cera que le habían untado encima que casi podía sentir ese calor quemándola, haciéndola nada y marcándole con saña cada pedazo de su alma.

Pero, con todo, algo de grato le encontraba a ese calor. Era como si le quitara un peso de encima, aunque en realidad, lo que hiciera era quitarle la existencia. Algo en ella se abandonó a ese calor, a ese no querer vivir…

Un tenue olor a quemado la despertó y algunas voces… voces de otras como ella, también arrancadas de la oscuridad de sus sueños. Suspiros de otras ramas solitarias, perdidas en su rumbo y en sus ganas de luchar o de vivir. No obstante, en aquellos momentos, apenas si lo notó, ya que sólo era conciente del fuego que a todas las abrasaba. Alguien, como una visión entre sueños, la había tomado y arrojado en conjunto con las otras ramas para hacer una pequeña pira.

Sólo entonces se dio cuenta de que había convertido en una rama seca. Su corta vida llegaba a su fin. De aquí, ya no había escapatoria. El fuego fue aún más intenso entonces y se sintió de pronto, con el resplandor, iluminada.

De pronto cayó en la cuenta que todo lo que siempre había hecho, a lo largo de su vida, desde que dejó su árbol, era tan sólo escapar. Desde que se dio cuenta de que no podía pertenecer de corazón a nada, supo que su destino era huir. Y también supo que, si no había podido crecer y darle frutos a su árbol, era porque, en el fondo, desde su concepción y nacimiento, tampoco le había pertenecido ciertamente a él y que la envidia, que en un inicio la corroía, correspondía en realidad al infierno, que nunca la había dejado en paz, de la incertidumbre y la desazón.

Ahora se inmolaba en una hoguera, con otras ramas sucias, cansadas y macilentas como ella. Ramas secas que se atrevieron, al fin, a caer, tristes y asombradas de su propia existencia. Aún acompañada en ese último dolor, no era de nada ni de nadie. Y así, simplemente, y esta vez ya para siempre, se dejó de nuevo caer.

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Written by MariCarmen

14 agosto, 2006 a 21:51

Publicado en Sin categoría

6 comentarios

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  1. interesante, los gritos del corazon siempre son desgarradores, sinembargo adicionare un comentario q no tiene nada q ver o quizas si tiene mucho…
     
    "¿porque apagarte como una vela cuando puedes brillar como una estrella?, una ultima vez!!!!"  cc puga corps

    Victor

    15 agosto, 2006 at 8:56

  2. Buuuuu!!!!
    Mata ramas!!!!!!!
    Que mala eres, casi lloro, y por una rama XD!!!! Eres una muca que escribe lindo y  me deja chiquitita * más todavia XD!!!* me pareció muy buena tu historia,  yo no me esperaba ese final :)

    barbara

    15 agosto, 2006 at 9:44

  3. me pediste q sea sincera.. lo seré: me interesó, por los siguientes puntos:
    1. ¬¬ sabias q mi loca habia escrito un cuento MUY MUY parecido pero sobre un hongo en lugar de una rama? un dia te lo pasare..
    2. Una cosa me inquieta y no me quedó clara… cómo es eso q la rama no habia pertenecido nunca al arbol y por eso no le pudo dar frutos? osea.. era una rama q estaba solo pegada al arbol? metaforicamente quiere decir q crecemos engañados creyendo q correspondemos a un sitio cuando en verdad no es asi? (bueno solo algunos…) y q por eos no podemos cumplir lo q esperamos de nosotros mismos… mm.. le hago un paralelo con mi vida y es interesante…
    3. Los similes q haces son muy tiernosy sentidos.
     
    Ahora las deficiencias q le vi…
    1. Creo q te sobrepasas un poco con el uso de adjetivos calificativos, usas muchos en un solo parrafo, especialemnte en los q van antepuestos al sustantivo.
    2. Por el mismo hecho q hay muchas descripciones algo"empalagosas" como q le quita un poco de dramatismo yefecto en lo q quieres decir…
     
    Te aconsejo que des mas contraste en las descripciones de las cosas.. creeeme q eso te hara ganar aun ma sternura.^.^
     
    Pero te felicito porque tienes una idea bastante clara de lo que quieres transmitir, dominas las situacioens y sobre todo, redactas muy bien :P

    Samantha

    16 agosto, 2006 at 17:57

  4. Ante todo, gracias, mil gracias x tomarse la molestia de leerme… no es tan fácil hacer q otro tenga tiempo para tragarse toda una historia, así q lo considero todo un detalle y muestra de cariño y amistad de su parte ^.^Ahora, a lo q iba:- Gracias Gerald por la frase final, ta muy bonita. ^^- Bárbara, a mí me gusta como escribes y creo q lo haces bien, SIN EMBARGO, eres medio floja para pulir, ése es un  punto q debes corregir. Lo mío tampoco es perfecto, pero creo q es el cariño q me tienes q te hace expresarte así. ^^- Shammy! encantada de recibir tus sinceros comentarios… je, je, parece q las cosas pequeñas están de moda. Me tienes q pasar el cuento del hongo (la próxima tal vez escriba sobre un chinche o una de esas pulgas de agua q tanto te gustan ^^). En cuanto a lo q dices de la metáfora, la chuntaste. Ok, siempre es mejor q las cosas queden sobreentendidas a explicarlas, pero bueno, lo q quise expresar es que sí, la rama estaba ahí pero no era parte de él. Quería, además, retribuir al árbol por su protección (simbolizado en darle un fruto) pero se dio cuenta de q no podía porque en realidad no pertenecía "a" él por más q estuviera "en" él, incluyendo en el hecho de q no maduró y nada q no esté lo suficientemente maduro es capaz de producir otra cosa útil. Como su naturaleza era diferente, supo q su destino no estaba allí, así q decidió huir (lo cual, en adelante, jamás dejaría de hacer…).En cuanto a los adjetivos calificativos… sí, quizás me extralimité, pero los uso porque me encantan…! Los adjetivos calificativos (y hasta podría decirse q los adverbios) se robaron mi corazón hace tiempo… ^^ En fin, en una nueva versión procuraré reformarme… Pero aún así, me da la impresión de q todo ello ayuda a reforzar la sensación de delicadeza y suavidad q pretendo crear… (sipi, hablamos de una ramita muy sensible >.<). Y también tendré en cuenta lo de los contrastes.Byesss!!!MariCarmen.

    MariCarmen

    16 agosto, 2006 at 23:33

  5. Pobre rama… sabía que no era la única que mataba a sus personajes!!!!!! XD XD XD La verdad es que me gusta la manera en que usas tus adjetivos en una manera sobrecargada, es parte de tu estilo personal, y a pesar de que la historia es triste y el sentimiento de pena, le da un toquecito de ternura e intimidad ^^

    julia alejandra

    28 agosto, 2006 at 14:20

  6. Gracias bebé mediana (pa quienes no lo sepan Amaltea/Julia es otra de mis "hijitas") x tus apreciaciones. Y gracias también x darte un tiempito entre tus múltiples ocupaciones para visitar mi space ^^.Trabajamos para servirle mejor! XDCariños de muca:MC.

    MariCarmen

    28 agosto, 2006 at 23:40


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