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Apropósito de “Memorias de una Geisha”…

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Éste es el libro en el q he estado enfrascada los últimos 3 días, uno de los más conmovedores y adictivos q he leído. Ya deben conocer más o menos la historia gracias a la película de Rob Marshall q, valgan verdades, me gustó menos q la versión literaria por la sencilla razón de q, en mi humilde opinión, es bastante pretenciosa y llena de clichés al intentar reflejar la cultura japonesa. Visualmente es bella y ahí no le quito méritos, pero en lo demás, me parece q se cae (a pesar de ser un 90% parecida al libro, pero una cosa es escribir una novela y otra hacer una película… así q pienso q no debieron utilizar simplemente la fórmula “copy-paste”). 

Si me he emocionado con esta historia, es por la sencilla razón de q la narración no deja de recordarme a la de esas novelas inglesas q tanto me gustan (casi, casi una Jane Eyre nipona XD) y además, podría decirse q tiene un toque de “cuento de hadas”, ya q sigo dudando de si en verdad pudieran llegar a darse esa serie de afortunados sucesos q confluyan hacia lo q nuestra protagonista tanto anhelaba (“Geishicienta?” XDXDXD). Escrita en 1ra persona, además, siento q el autor, no siendo japonés, medio q ha “occidentalizado” la forma de ver la vida de su geisha Sayuri, ya q hay cosas q no me parecen muy propias de aquel “espíritu japonés” q se respira en aquel q sí es nativo de esos lares. No sé como explicárselos, tendrían q tener la oportunidad de comparar textos escritos por japoneses y estar lo suficiente embebidos de la cultura para q entiendan lo q trato de decirles… (espero no sonar medio pedante, tampoco es q yo sea una experta, pero me gusta la cultura japonesa lo suficiente como para siempre andar investigando y además tuve la suerte de llevar Cultura Oriental en EEGGLL ^.^). Quizás es q sólo sea muy telenovelezca.

Weeeno, por último quizás Golden se dejó llevar más por el hecho de q una geisha es, ante, todo… una mujer y concentrado en esos sentimientos universales y más entendibles por todos, redactó su historia. Y en este sentido, es un gran escritor, porque la geisha Sayuri es una mujer con sentimientos y reacciones femeninas, cosa muy difícil de conseguir cuando quien escribe es un hombre. No nos extraña entonces que la novela haya obtenido un éxito tan grande y no por una cuestión de marketing, sino de sensibilidad. El retrato psicológico, aunado a las detalladas descripciones es sorprendente. Sus personajes son muy cercanos a nosotros y no podemos dejar de sufrir por el destino de Sayuri, alegrarnos por la ayuda de Mameha, compadecernos por el noble pero brusco Nobu, odiar a Hatsumomo y suspirar por el famoso presidente. La prosa, además, incluye sencillas y muy verdaderas reflexiones de vida e ilustrativas metáforas para hacernos (si cabe aún más) amena la lectura y de hecho q uno de sus principales fines es el de acercarnos más a este misterioso mundo de las geishas. Cita favorita: “Nadie es capaz de hablar honestamente de sus sufrimientos hasta que ha dejado de sentirlos”.

Ya q tocamos el asunto de las geishas, contrariamente a lo q se cree, estas mujeres no eran simples prostitutas (es más, también había de éstas y eran consideradas bastante menos q las geishas) sino más bien tomadas como una suerte de delicadas artistas del entretenimiento q por lo general, no escogían esta profesión ya q eran niñas vendidas en sus más tiernos años por aquellos padres q no tenían el suficiente dinero para mantenerlas. Claro, en estas épocas ya no se hace eso (espero ^^U) y aquí he sacado un pequeño artículo q los puede orientar mejor q yo respecto a la complejidad del tema:

 

Durante los años 30, justo antes de que Japón y el propio emperador cayeran en desgracia por la Segunda Guerra Mundial, los negocios y las relaciones personales de los hombres se despachaban en las casas de té. Las reinas allí eran las ‘geishas’, mujeres formadas desde la infancia para complacer a sus clientes y mantener económicamente al resto de integrantes de su ‘okiya’, su casa. 

img230/668/0201go9.jpgEstas artistas (la palabra ‘gei’ significa en japonés arte) salían de sus hogares de noche para atender sus compromisos, después de dedicar mucho tiempo a su arreglo personal. Maquillaje blanquecino, carbón para los ojos y rojo intenso para los labios. Una peluca de color azabache y un precioso kimono para deslumbrar y que el señor que hubiera requerido sus servicios quedara muy bien ante sus invitados. Como calzado, unas chanclas con una plataforma muy alta que nunca mostraban sus pies, gracias a unos curiosos calcetines que separaban el pulgar del resto de sus dedos.

Ya en las fiestas, tocaban el ‘shamisen’, un instrumento de cuerda, cantaban y danzaban con sus abanicos, servían el té o entretenían con su conversación. Su objetivo último era conseguir un protector, un ‘danna’, que las mantuviera el resto de sus días, cuando su belleza ya hubiera marchitado. O heredar la ‘okiya’ y vivir del trabajo de las nuevas ‘geishas’.

Sus saberes requerían de muchos años de preparación por lo que ingresaban de niñas en unas escuelas específicas. Las ‘geishas’ eran muy bien consideradas por la sociedad. Cuando sus estudios concluían, la formación de estas jóvenes continuaba como aprendices (‘maikos’) de sus ‘hermanas mayores’ (‘o-nêsan’), a las que acompañaban a las casas de té. Las ‘hermanas’ se encargaban de que los caballeros las conocieran. Cuanto más populares se hacían, más subía la puja por su virginidad y la ‘okiya’ se beneficiaba del éxito.

Los encuentros sexuales por dinero no eran tan habituales como se piensa, por lo que jamás se las consideraba prostitutas. Su posición era bastante elevada y tenían muy buen nombre en la sociedad de entonces. Eso sí, tampoco alcanzaban jamás el estatus de esposa.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2006/01/19/cultura/1137676119.html

Y por si no lo saben, como dato extra, añado q actualmente las verdaderas geishas (o sea las q se toman todo el trabajo de realizar todas estas actividades de formación desde su adolescencia) escasean ya en el Japón, reduciéndose su cifra a algo menos de 100, cuando en sus mejores épocas eran como 10 veces este número (lo q hoy por hoy sí hallaremos en cantidad son tipas q se disfrazan para tomarse fotos con los turistas).

Fiuuu, se me han quedado aún más temas al respecto de esta obra q pudieran serles interesantes en el tintero y espero retornar a ellos en los próximos días, para ya no hacer este artículo tan largo (como lo referente al horóscopo, q también he estado investigando ^^… -las ventajas de estar ociosa U.U-). En verdad, es un libro muy recomendable ya q les va a despertar la curiosidad respecto a muchas cosas de este aveces tan lejano mundo del oriente. Conmigo lo hizo, y eso q ya de por sí soy muy curiosa con todo lo q tiene q ver con los japoneses, así q imagínense… Si pueden, dénle una hojeada y ya luego me comentan.

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Domo arigatou lector(a)-san ^.^
MC.

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Written by MariCarmen

4 enero, 2007 a 0:36

Publicado en Sin categoría

3 comentarios

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  1. Justo hace unos días vi la película (preferí verla en español porque escuchar a koreanas hablando en inglés es peor que escuchar a Lucy Liu habalndo en japonés, fuchi >.<) y concuerdo de que hay algo que no concuerda con las costumbres japonesas, creo que el engreimiento de Hatsumomo más típico en una norteamericana que siempre lo tuvo todo que una japonesa que se siente honrada y agradecida hasta porque salió el sol XD
     
    Recuerdo que hace tieeeeempo vi un especial sobre geishas y ahí aprendí que eran damas de compañía y no prostis,

    julia alejandra

    9 enero, 2007 at 19:11

  2. "(…) creo que el engreimiento de
    Hatsumomo más típico en una norteamericana que siempre lo tuvo todo que
    una japonesa que se siente honrada y agradecida hasta porque salió el
    sol XD".Le diste al clavo! No hubiera sabido expresarlo mejor >.<U

    MariCarmen

    9 enero, 2007 at 21:31

  3. (sorry, se colgó antes de que terminara de comentar ^^)
     

    Justo hace unos días vi la película (preferí verla en español porque escuchar a koreanas hablando en inglés es peor que escuchar a Lucy Liu hablando en japonés, fuchi >.<) y concuerdo de que hay algo que no concuerda con las costumbres japonesas, creo que el engreimiento de Hatsumomo más típico en una norteamericana que siempre lo tuvo todo que una japonesa que se siente honrada y agradecida hasta porque salió el sol XD
     
    Recuerdo que hace tieeeeempo vi un especial sobre geishas y ahí aprendí que eran damas de compañía y no prostis, y que eran las mismas esposas las que mandaban a sus esposos estresados con estas damas que simplemente conversándoles, escuchándoles como si les enteresara XD y atendiéndolos, los relajaban. Los encuentros sexuales eran practicamente inexistentes, pero con la guerra y los soldados norteamericanos, muchas chicas se hacían "novias" de estos hombres sedientos de sexo o se disfrazaban con la cara blanca y una peluca negra para tomarse fotos y así poder llevar arroz a sus casas. Fueron estos soldados los que confundieron el término geisha con SUS damas de compañía.  

    julia alejandra

    10 enero, 2007 at 22:19


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