MI BLOG DE NOTAS

… me obligo a aceptar todos los párrafos porque se me han ocurrido!

Déjame q te cuente…

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Esto lo escribí hace relativamente bastante para un concurso… En su momento me gustó, pero ahora q lo veo de nuevo, casi casi lo siento como un mediocre calco de El Principito (y les juro q no me copié). Salió todo de un día para otro y sé q no es lo máximo q puedo hacer, ya q intuyo q si busco más dentro de mí, podría producir mejoras cosas, más novedosas, complicadas e inspiradas. Buen tiempo pensé en usarlo para algún otro concurso, pero no, ahora más q nunca, por mí y por todo lo bello q recién empiezo a descubrir, sé q debo superarme. Aún así, desearía opiniones…:

El viaje

“Repítemelo una vez más, querida mía. Dime, ¿por qué deseas ir a la Tierra?”

“Oh, padre, quiero entender y aprender de los humanos y que éstos puedan entenderme y aprender de mí. Desde aquí, he notado que no sonríen al despertarse y andan cabizbajos y quejándose hasta la tarde. Por las noches, rara vez si logran conciliar el sueño completamente y, para distraerse, ingieren sustancias amargas que, a la postre, sólo les da un mal aspecto y los ponen de mal humor. También gustan de echar un raro humo negro por sus bocas, con ayuda de un pitillo que los hace toser. Siento curiosidad, además, por esos instrumentos filosos y esas varas de metal por las que salen guijarros y que parecen herir mucho a las personas.

Algo en mi interior me hace temerlos, pero deseo comprenderlos. No parecen muy felices, ¡y tienen tanto para serlo! El sitio al que voy es un lugar hermoso. ¿Habéis visto algo más bello que ese círculo de plata que aparece por las noches y sorprende a esos otros blancos y más chiquitos fulgores? ¿O ese cielo que se junta con esa gran masa de agua en un punto indefinido que no permite saber cuál es más azul? ¿O esas formas indefinidas de colores a las que llaman flores? Nuestro planeta, en cambio, es blanco, tan blanco como la nieve que rodea a sus más altas montañas y no poseemos ni la mitad, pero algo me dice que somos mucho más felices. ¡Y si tan sólo pudiera acercarlos un poco a nuestro mundo! ¡Si tan sólo pudiese transmitirles una milésima parte de estos sentimientos!”

El rey la miró pensativo, clavando la vista en sus profundos y hermosos ojos. Su única hija, la niña más bella y la por todos más amada, estaba a punto de correr un gran riesgo.

“Veo lo resuelta que estás y además percibo las nobles intenciones de tu alma. Si es tu decisión, mi permiso llevas y no tengo nada más que decir al respecto. No obstante, espero que sepas en lo que te estás metiendo. Serás diferente y ellos lo notarán. Y si algo pasa, si algo sale mal, morirás. Es decir, morirá tu corazón, no tu cuerpo. Morirán esos anhelos e ilusiones que te hemos dado, que te hacen ver más allá de este mundo tan blanco como las nubes de aquel cielo con el que tanto sueñas. Y creo que la pérdida de algo tan puro es aún peor que perder la misma vida”.

“¿Qué sabes tú de los humanos, padre?”

“No mucho más que tú. Que nacen y muchos no tienen la suerte de caer en hogares bien formados y que desde pequeños deben estudiar algo que llaman inglés, cómputo y matemáticas si quieren lograr algo en la vida”.

“¿Lograr qué?”

“Eso es algo que nunca he podido entender. Tiene que ver con muchos fajos de papelitos de colores…”

***

Y volvió a nacer, aunque esta vez, ya no como la potencial heredera de un mundo blanco y luminoso, sino como la sencilla hija de un contador público y un ama de casa, vendedora ocasional de cosméticos. Fue la mayor de tres hermanos, el menor de los cuales permanecía atado a una silla de ruedas y no podía moverse. Su infancia no fue del todo fácil ni feliz. Aunque no era capaz de recordar los detalles de su vida anterior, en su fuero interno sabía, sin embargo, que seguía siendo una princesa…

Se levantaba temprano por la mañana y ayudaba a su madre en los quehaceres domésticos. Estudió por supuesto, inglés, cómputo y matemáticas y logró ser una de las primeras de su clase. No vio esos papelitos de colores de los que el rey le había hablado muy seguido, pero pronto supo que era casi siempre su padre el que los traía a casa y que pronto escaseaban…

Pero eso, a lo largo de su vida, nunca le importó ni nunca le hizo falta… como tantas otras cosas que los demás, en cambio, sí apreciaban de aquella vida. A esa edad tan temprana, ya se sentía diferente. Conversaba con ellos, comía con ellos, dormía con ellos… pero no formaba parte de ellos. Hacía todo lo que pedían, pero, aunque se esforzaba, no ponía su corazón en ello. En cambio, leía muchos cuentos y soñaba despierta. Además, hablaba de cosas muy raras. Un día, su madre la encontró en la azotea, junto a los gatos, maullándole lastimeramente a la Luna. Al interrogársele sobre el por qué de su conducta, contestó sin siquiera parpadear:

“He decidido que ahora quiero ser gato. Son muy lindos. ¿Nunca has deseado ser uno?”

Aunque, pensándolo bien, no era que fuesen cosas raras, sino que, simplemente, eran cosas que nadie entendía.

A pesar de ser, en teoría, una chica buena, fue castigada muchas veces. Unas, por traer animales sin permiso a casa; otras, por dedicarle varias horas a las caricaturas por televisión (es que una vez quiso enseñarle a “volar” a su hermano menor) y otras, por detenerse a curiosear algo en el camino de la casa a la escuela y llegar a deshoras. Pero, la mayoría de las veces, era por pensar. Quería compartirles su visión, su mundo, enseñarles cosas en retribución de lo que ellos le habían mostrado. ¡Hubiera habido tanto de qué hablar si se lo hubieran permitido! ¡Tanto qué decir de haber podido hacerlo! Y, sobretodo, ansiaba sentirse menos sola.

Recordando sus propósitos iniciales, intentó fumar para ver si le hallaba el gusto, pero nunca supo hacerlo. El humo, como supuso, no le dio ninguna satisfacción y además la hizo toser. Quiso beber del dichoso líquido amargo (según todos, algo muy bueno para olvidar los problemas tanto personales como ajenos), pero el brebaje ardiente sólo le provocó arcadas. En cuanto a las armas, exceptuando los cuchillos de cocina de su madre, éstas (¡felizmente!) siempre permanecieron de ella muy alejadas. Sin embargo, supo por las noticias que muchos niños (y grandes masas de adultos también) morían por su culpa. Sí, por culpa de las armas, porque jamás entró en su cabeza la idea de que una persona pudiese dañar a voluntad a otra y ensartarle tranquilamente algo adrede.

Lo que la consoló muchas veces fue el mar y el poder llenarse los bolsillos de arena, acurrucarse en el prado y oler las flores y los brotes tiernos. De pronto, el tibio resplandor de la luz solar la hacía sentirse agradecida, en tanto acariciaba por igual tanto a las fieras como a los más mansos animales domésticos. Sí, sólo por eso, estar ahí valía la pena.

Se casó (porque al fin y al cabo todo el mundo tiene que hacerlo) con el médico que le diagnosticó un cierto mal del corazón. Un leve soplo, un problema de arterias que le causó un inesperado desmayo a la mitad de un frenético baile en una fiesta. Al parecer, por su organismo no circulaba bien el oxígeno. Su familia se espantó y, sin embargo, para el doctor, esto jamás supuso algún inconveniente. “Mucho cuidado y un poco de cariño” fue lo que les dio por toda recomendación. Guardó su estetoscopio y pidió permiso para seguir frecuentándola. Y, por fin un día, tomó delicadamente su mano y la apretó. Y ella, sin más, lo aceptó, porque al fin y al cabo fue el único que estuvo más cerca de sentir su corazón.

Su esposo la quiso mucho, pero jamás la entendió. Sin embargo, se sentía cautivado por sus bellos ojos. Y aunque su especialidad fueran las enfermedades cardiovasculares, pronto se sintió también atraído por las que afectaban al alma.

Intuía que su conducta no era “normal” e intentó curarla. Le compró ricas joyas, hermosos vestidos y la llevó a todas las reuniones que pudo y a todas las fiestas. Puso fajos de papeles de colores a su disposición e incluso le creó su propia cuenta en el banco. Le habló de política, negocios y otros asuntos importantes. Ella, deseosa de complacerlo, le prestaba siempre toda su atención. Pero, de nuevo, no pudo poner en ello su corazón. A pesar de sus caras ropas, jamás supo andar a la última moda. Nunca conoció a fondo los detalles que le comentaban respecto al quehacer cotidiano de sus vecinos y muchas veces no tuvo tema de conversación con las demás señoras del barrio. Con frecuencia olvidaba fechas importantes y hasta una vez incluso el nombre del propio presidente. El doctor, que no era nada tonto, pronto lo notó y se resignó. Aún así, ansiaba volver a sentirla como lo hizo cuando la conoció, por lo que volvió a usar su estetoscopio.

De aquel matrimonio, resultaron dos niños, el mayor de los cuales, un varón, sólo vivió hasta poco más allá de cumplido el año. ¡Y se parecía tanto a su madre! Había heredado los mismos ojos puros y brillantes. Reía mucho y dormía más de lo necesario, pues no se cansaba de soñar, y la hija del rey lo acunaba siempre con infinita ternura. Por única vez en su vida, no se sintió sola y hacía desde ya, muchos planes para él, como llegar a escalar juntos la montaña más alta y después buscar unicornios en los Himalayas. Un día, sin embargo, luego de que fueran a visitarlo sus abuelos y otros familiares, fue examinado por su padre, asustado ante un repentino y espantoso tono azul sobre el rostro de su hijo, inequívoca señal de una cardiopatía congénita. El niño no sólo había recibido un par de ojos mucho más bellos que los de su madre, sino también una enfermedad mucho más grave.

Ésta jamás se sobrepuso a su dolor, pero siguió adelante. Al año siguiente de la pérdida de su primer hijo, dio a luz a una niña, esta vez muy parecida a su padre. Su madre la quiso mucho (como nos quieren a todos nuestras madres), pero nunca pudo entablar con ella una conversación coherente. A pesar de que depositaba polvo de hadas todos los días sobre su cama y que más de una vez quiso presentarle al ratón de los dientes, ésta simplemente la ignoraba y se dedicaba con más ahínco a sus estudios de inglés, cómputo y matemáticas. Y en absoluto aceptó el ofrecimiento de su progenitora de subir algún día a la azotea a maullarle a la Luna. Más, aún, siempre prefirió, una y mil veces, la compañía de su padre, con quien llegaría a discutir de política, negocios y otros asuntos importantes. Con todo, éste, ansiaba acercarla un poco más a su madre y el día de su décimo cumpleaños, le regaló un estetoscopio.

Cosa rara, la esposa del doctor, recién en este punto de su vida se fue adaptando. La vida, con una hija que criar y cada vez más quehacer la fue moldeando. Así, los años pasaron. Y aunque vivió bastante tiempo entre los humanos, progresando en su conocimiento sobre éstos y de la tierra que habitaban, jamás tuvo, en cambio, la oportunidad de hablarles de su propia patria. Y aún habiéndolo querido, ya no poseía tiempo o fuerzas para explicarles la existencia de un mágico mundo en blanco, donde sólo la luz de cada sueño bastaba para poder pintarlo.

***

Exactamente en el mismo punto y lugar frente al cual mucho tiempo atrás hubiera estado, la niña que, desde luego, ya no era tal sino, más bien, toda una mujer, se halló de vuelta ante el trono de su padre.

Mucha de su belleza anterior ya se había perdido y, debido a su enfermedad del corazón, respiraba ahora con dificultad. Sin embargo, lo que más le dolió a su padre fue que el brillo de sus ojos, antes tan luminosos como dos estrellas, se había prácticamente extinguido, dejándola ciega.

Disimulando sus sentimientos, el rey sólo acertó a preguntarle cómo le había ido.

“No hay mucho que decir, padre. Fracasé. Y ahora más que nunca y ya casi al término de mi vida, por fin me siento una de ellos. Lo curioso es que, con todo, me siguen pareciendo muy, muy extraños…”
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Written by MariCarmen

31 agosto, 2007 a 1:17

Publicado en Sin categoría

5 comentarios

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  1. Había leído este post antes, cuando lo publicaste, pero me quedé en la parte que dice: "El viaje".Prometo volver, a ver si leo unos cuantos parrafitos más ;)

    Franco

    13 septiembre, 2007 at 13:56

  2. hola que tal,
    mi nombre es kimberly, sabes lei en especial este articulo de densha otoko y me parece divertido e interesante quisiera hacerte una pregunta cual es el programa en la cual tu amiga bajo la peli, me gustaria saber para verlo, ya que a mi tambien me gusta los animes y me bajo en el ares musica de este tipo, lastima que no tengo amigos que le gusten este tipo de generos que para mi son de lo mejor, bueno espero que me ayudes, y gracias de antemano.

    PD: este mensaje te lo habia enviado en el mismo tema "densah otoko" pero como es ya antiguo decidi ponerlo en este tema, ademas te digo que escribes muy bien y a mi me gusto mucho esa historia que escribistes.

    Rosela

    19 septiembre, 2007 at 10:22

  3. Hola Kimberly!
    Gracias x tus comments ^.^
    Te cuento, amiga baja las diversas series a través de un torrent especial de puro anime y demás series japonesas… El problema es q ahorita no tengo la info exacta. En todo caso, éste es su blog: http://losthope1.greatestjournal.com/ (dile q de parte de MariCarmen, pls te pase la información). Estoy segura de q te podrá dar más detalles q yo, q simplemente me siento ahí toda vaga a ver lo q mis amiwas descargan ^^\’.
     
    Cariños, MC.

    MariCarmen

    20 septiembre, 2007 at 9:46

  4. Abuuuuuuuuuuuuuuuuu, es como leer mi propia vida, con la diferencia de que yo me amargué a temprana edad y juré venganza. A veces olvido lo que soy con tanto stress, creo que el próximo año me dedicaré solo a ser yo otra vez depués de tantas cosas que em arrastran a la conformidad del deshazón. 
     
    No me parece copia de principito, quizá una idea vaga que se fue por otro lado, pero terminó con la misma inocencia. Me gustó mucho la parte del estetoscópio *.*

    julia alejandra

    20 septiembre, 2007 at 22:23

  5. Cuando gustes, subimos a algún techo a maullarle a la Luna ^.-
    (y sí, la parte del estetoscopio es también mi favorita).

    MariCarmen

    21 septiembre, 2007 at 12:48


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