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Huyendo

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De un tiempo a esta parte, he descubierto que mi restaurante favorito es aquel que se ubica en el sgdo. piso del Vivanda de la Av. Pardo. No recomiendo a nadie darse una vuelta a la hora del almuerzo (que es un caos), pero sí a tomar desayuno o lonche. Como entenderán, me gusta pasar de cuando en cuando por allí a las 9am y a las 6pm. Y no precisamente por la comida, que no es nada del otro mundo.

El restaurante no es muy grande, entrarán ahí a lo sumo unas 15 mesas pequeñas, muy juntas. A la hora que yo voy, sólo encuentro 2 o 3 parejas de turistas, uno o dos ancianos haciendo tranquilamente un crucigrama y una familia comiendo en silencio. Nadie habla más de lo indispensable, ya que el mismo sitio invita a la calma, a la comunicación sin palabras (yo misma no invitaría allí a nadie con quien no me sintiera cómoda sin necesidad de conversar). Aveces me siento como si entrara a un especie de santuario. Insonorizado, a un lado tienes el relativamente tranquilo tráfico de la Av. Pardo y, al otro, te topas con un montón de reflectores, similares por momentos a los de teatro que parecen iluminar con sus amarillas luces al escenario montado de frutas y verduras que hay abajo.

La parte del mostrador, dispuesto en forma de L, es básicamente de autoservicio, puesto que, comenzando el circuito por la izquierda, coges una bandeja, tu plato y, con pinzas ubicadas en cada uno de los recipientes, puedes escoger exactamente qué y cuanto comer. Ni un poco más, ni un poco menos. Los platos son eminentemente caseros. Van desde los huevos revueltos con tocino y cereal con leche en el desayuno, hasta un guiso de pollo con arroz por la tarde. Mis consentidos hasta ahora son unos gordos panqueques con miel de maple (al mejor estilo de las series americanas) que colocando uno encima del otro forman ya una pequeña torre. Hasta la cantidad del refresco (incluyendo el tamaño del vaso) los elijes tú. Y con toda la calma. La comida se conserva caliente y no hay nadie tras de ti, apremiándote. Pagas al final y el monto no suele ser mucho.

No se trata de un lugar de moda, vistoso o popular. Sus tonos tierra y luces bajas más bien invitan a una austera intimidad. Me gusta contemplar a los turistas examinando sus mapas y a los ancianos con sus periódicos, así como a uno que otro estudiante solitario. Casi casi me parece estar en el desayunador de un hotel de mochileros. La sensación es bastante parecida. No es común y me hace sentir, por unos minutos, fuera de Lima  (aunque suene exagerado, fuera del Perú incluso). Por qué no decirlo? En mi mente, regreso a Europa.

Este domingo fui al teatro con Bárbara y, aprovechando que quedaba en el centro de Lima, tomamos el Metropolitano que dicho sea de paso es la primera vez que lo uso. La primera sensación que tuve al adentrarme en el sistema es que había cosas que me hacían recordar y entremezclar, por momentos, las imágenes que aún tengo en la cabeza del Metro y el sistema de buses de España (y de Portugal y de Francia, que son tan parecidos), así como el ala T4 del aeropuerto español (en el que hay bus que se aparece para recogerte de la pista de aterrizaje, ya que el edificio en sí no está cerca). Me gustó viajar en el Metropolitano.

No pude tampoco evitar pensar que hoy, hace exactamente un año, crucé el gran charco y me he dado de pronto cuenta lo mucho que me gusta tal o cual sitio en la medida que me hace pensar que estoy lejos, muy lejos, definitivamente no aquí. Y a pesar de mis sentimientos encontrados para con Lima, no diría que es exactamente debido al tipo de ciudad (muchas veces tan conflictiva) que tenemos si no a un concepto más amplio de realidad. La maleta grande que traje hace un año de Madrid, sigue ahí, a medio desarmar. Simbólicamente, aún no he vuelto.

Más que extrañar los países que visité, extraño el hecho de no vivir mi realidad durante tanto tiempo. De no tener que preocuparme por ir a trabajar al día sgte, pagar una que otra cuenta y, en general, planear que hacer con mi vida y responsabilidades. Extraño ese limbo en el que no tenía nada más qué pensar qué nuevo lugar iba a conocer al día sgte., que sabor iba a disfrutar, que aire, que rincón, qué sorpresa iba a estar allí aguardándome. Yo andaba siempre de “paso” y, sin raíz, la sombra de la cotidianeidad no podía acecharme. Todo lo que día a día aquí me angustia, de pronto, desapareció como por encanto. Quizá por eso amo tanto los viajes y cualquier cosa que me haga sentir que no estoy aquí.

Los regresos a la realidad son para mí siempre duros. Pienso que la pregunta pertinente no es por qué me gusta tanto viajar, si no por qué me resulta tan difícil habitar mi realidad. Ya he hablado también de lo mucho que suelo soñar despierta gran parte del tiempo. Toda yo (hasta en el rincón más inhóspito de mí) no piensa más que en huir.

De ahí también quizás mi renuencia a radicar definitivamente en otro país (pensando específicamente en Europa, que me ha gustado tanto), pensando que ello, de todas formas no arreglaría nada, puesto que los espacios y los países que hoy amo, los valoro en función de que son mi refugio. España, Italia, Francia, Portugal y cualquier lugar, probablemente, perderían para mí sus encantos de saber que voy a quedarme allí para siempre, pasando a formar parte de mi cotidianeidad. Quizás terminaría odiando Europa en conjunto y de ahí, y de ahí… con qué soñaría, a dónde huiría?

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Written by MariCarmen

4 julio, 2011 a 1:40

Publicado en Sin categoría

6 comentarios

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  1. pues soñarías con volver a esta tu tan maltratada viña del señor, como les pasa atodos los que se van a vivir allá a los dos meses de haberse ido

    LUCITA

    4 julio, 2011 at 12:48

  2. Será motivo para ir a comer alli ^^

    Hum, a mi me encanta Europa pero solo para pasear… me gusta vivir en Perú a pesar de todo. Si por obligación tuviera que vivir en otro pais definitivamente seria España o Mexico porque en esos paises me sigo sintiendo como en familia… y sobretodo se habla el mismo idioma ^^

    Lilina

    5 julio, 2011 at 16:32

  3. El Vivanda de Pardo es buen sitio sobre todo para tomar desayuno :)

    MariCarmen

    6 julio, 2011 at 12:31

  4. yo si quisiera irme a España, pero tampoco a vivir. Extraño mucho mi casa… teléfono… Eliot

    LUCITA

    8 julio, 2011 at 13:16

  5. Ese patio de comidas de Vivanda es lo maximo! fui muchas veces alli, por que no te miran mal por tomarte un cafecin durante una hora, ni que este esperando sentada otra media hora antes sin consumir nada… un sueño! lo unico malo es que hay que cuidar mucho las cosas, por que entran indeseables de saco y corbata que les jalan las mochilas a los pobres turistas, que son un amor…
    Viajar… si, es lindo…. son nuevas emociones, conocer lugares que jamas hallas visto, o visitar sitios en los que no has estado en muuuucho tiempo…. me gustaria dar una vuelta… animate por el interior! es tan diferente a Lima que seguro te encantara! y es mas accesible…. es otro aire

    M Elena

    8 julio, 2011 at 13:51

  6. Aquello de los robos a los turistas en el local no lo sabía, pero en gral. en todos los restaurantes roban… de todos modos, sigo recomendando ir mejor a tomar desayuno… (los choros no suelen levantarse temprano XD).

    Sí, de hecho que voy a viajar un poco más por el interior, que salvo alrededores de Lima cuadrada, Cuzco, Pisco, Chincha y Cañete no conozco (aunq alguna vez fui a Arequipa, no lo recuerdo). De hecho, para Fiestas Patrias enrumbo a Tarapoto :).

    MC

    MariCarmen

    8 julio, 2011 at 14:16


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