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… me obligo a aceptar todos los párrafos porque se me han ocurrido!

De cara con “Yo soy Betty, la fea”

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betty3Hay sólo 2 telenovelas a las que cada cierto tiempo regreso porque la gama de emociones que me embargan al ver lo buenas que son ambas historias hace que pueda disfrutarlas como la vez primera. Una es Corazón Salvaje (de la que ya he hablado alguna vez bastante) y ahora, aprovechando mi creo ya, quinta o sexta maratón, le toca el turno a mi otra queridísima Yo soy Betty, la fea (WordPress me hizo recordar, incluso, que hace varios años pasé la vigilia previa a mi cumple viéndola XD).

Aunque ambas me gustan lo indecible (me dejan pensando harto y con ganas de hacerles más y más análisis #yosécuandoalgomegustamuchocuandomemueroporllevarloaldiván), he de reconocer que la segunda es superior en muchos sentidos. Primero, al tratarse de un guión original de Fernando Gaitán, el cual se demoró cerca de 3 años en terminar (y no escribiéndolo sobre la marcha, quedándole bastante redondo al permitirle entenderlo a fondo), segundo, por la maravillosa y sutil dirección que tuvo, cargadísima de subtexto (adoro los planos donde un personaje habla algo y mientras sigue hablando, en off, otros personajes realizan acciones que complementan sus palabras, si bien no de un modo directo, sí de una forma que es una delicia interpretativa… recuerdo por ejemplo cuando los protagonistas estaban en una exposición de Picasso y tanto su historia como los cuadros de fondo tenían mucho que ver con los diálogos en primer plano) y tercero, debido a los actores que estaban DEMASIADO bien en sus roles. De verdad que no acierto a recordar uno solo que no me haya gustado, luciéndose todos en su trabajo.

Betty+es+ana+maria+Orozco+Armando+es+Jorge+Enrique+Abello+copia[1]

Podría empezar hablando de la trama y todo eso, pero a éstas alturas creo que ya es harto conocida la historia de esta chica “fea” que entra a trabajar para el guapo presidente de una empresa dedicada a la moda que logra cautivar su corazón. Pero no quiero hablar tanto de lo que es (en caso de querer más detalles, consúltalos aquí), como de lo que esta novela me provoca. Y es que, a diferencia de otras historias, Yo soy Betty la fea posee una sensibilidad especial, de la mano incluso con su énfasis en la espiritualidad, porque al final de lo que trata toda esta suerte de fábula es de crecer y volverse una bella persona, tanto interior como exteriormente (remarcando que lo exterior sería una complemento de lo que ya se lleva dentro). Por otro lado, me encanta que los protagonistas PIENSEN, SE CUESTIONEN COSAS y TENGAN SUS PROPIAS Y REALES MOTIVACIONES. No sé, en muchas partes me siento identificada con Betty (y creo que muchas mujeres podemos estarlo). Me hallo en sus temores, inseguridades, esperanzas y desesperanzas… e incluso, lo confieso, en su inocencia frente a la sociedad que la rodea. Algo que va más allá de presentarnos a la protagonista simplemente como fea (lo que, de hecho, es lo gracioso de esta historia) aunado a lo simpático que resulta que ésta jamás se sienta realmente en rol de víctima. Aún en medio de una sociedad con un gran culto a la belleza como la colombiana, acepta y sabe burlarse de estas “limitaciones” y sale, en cambio, adelante con lo mejor que tiene: su inteligencia y su integridad (para los tiempos que corren, es maravilloso que ambas cosas aquí se revaloren).

Dicen que una historia es buena cuando es universal (es decir, que en sus dramas y conflictos todos nos podemos ver reflejados). Independientemente de la tragicomedia de “la secretaria enamorada del jefe” y sus relaciones tanto con el galán, como con el grupo de amigas chismosas pero incondicionales, los enemigos intrigantes y el círculo inmediato familiar, Yo soy Betty la fea no se circunscribe únicamente a estas historias, si no que es un verdadero microcosmos de la sociedad de los últimos años con una trama principal y unos subtemas riquísimos y bien llevados (sin demasiado maquillaje o discursos simplistas) con los que quien los sigue puede sentirse tocado. Aquí algunos que he identificado… y creo que pueden seguir sumando, de allí el genio de su autor:

Betty+es+ana+maria+Orozco+Armando+es+Jorge+Enrique+Abello+copia[1]

–          Los cánones de belleza actualmente imperantes haciendo presión sobre las mujeres. Vale decir que si eres una persona atractiva físicamente, puedes conseguir más cosas (mejor trabajo, mejor salario, mejores relaciones, etc) en comparación a quien no lo es. El contraste entre el trato dado a Betty VS Patricia Fernández en los primeros capítulos es el ejemplo más saltante.

–          El concepto de atractividad también ligado al “poder” y “estatus” que da el dinero. Lo “bello” no sólo en relación a lo físico, sino también a quién eres, a qué familia perteneces, cuánto ganas, qué cosas tienes y con quiénes te juntas. ¿Recuerdan al cuartel de las feas? Aura María no era precisamente “fea” pero sí bastante “de pueblo,” lo que la hacía parte sin más de su grupo de amigas, sin ser considerada dentro de lo atractivo.

–          Ligado a lo anterior, las brechas entre “ricos” y “pobres” cargadas de prejuicios… en donde los segundos son tanto ignorados por los primeros como tratados como “personas de segunda categoría”. Los segundos, sólo tratarían de sacarles el mayor provecho posible.

–          La explotación laboral… sobre todo del más débil. Así, el trabajador es visto más como un objeto funcional que como un ser humano. Me resulta clarísimo en la manera como Armando trataba a Betty al principio: ella llegó un día sin dormir y cojeando luego de amanecerse trabajando y caerse del bus que la llevaba al trabajo y él ni siquiera se fijó en su estado maltrecho, gritándole y reclamándole por no estar a tiempo. Que levante la mano quien no haya sido alguna vez víctima de la insensibilidad de su jefe…

–          La revalorización de la familia. A ver, sobre este punto, yo creo que para Latinoamérica, el tema de la familia sigue siendo importantísimo y, sin duda, la de Betty no podía dejar de gustarnos y hasta conmovernos. Si bien es cierto es bastante tradicional (y sinceramente muchas veces tuve ganas de cuadrar a don Hermes), pues su modelo aún no está muy alejado de lo que actualmente recordamos. Que levante la mano quién no supo de un papá extremadamente celoso que salía en pijama a esperar a la hija cuando no llegaba pasadas las 12. Y ¿quien no saboreó los guisos de una mamá enteramente dedicada a su casa? Es que hoy por hoy, son cosas que se valoran y recuerdan con nostalgia, tal vez por ir en franca disminución o por el hecho de que gran cantidad de familias carecen de una fuerte figura paterna, como sí lo es el papá de Betty. Autoritario, se nota que adora a la hija, cuidándola como el tesoro más preciado, ocurriendo otro tanto con la madre. A falta de hermanos, Nicolás funge para Betty como tal con una fidelidad incondicional. Y todos se sientan a comer juntos a la mesa y hablan de cómo les fue en el día. No creo que estas actitudes de profundo cuidado y cariño dejen a nadie indiferente (con toda la cursilería que pudiese achacárseles… de ahí que la familia Ingalls tenga, hasta el día de hoy, tantos fans…). A este saco también podría meter la figura de la empresa, cuya herencia de padres a hijos por parte de los Mendoza y los Valencia es también símbolo de tradición, de ahí la lucha constante por preservarla (poniéndose muchas veces sus intereses por encima de los propios… de ahí que empezara incluso toda la historia de amor de Armando y Betty).

El que esta novela haya sido ambientada en un lugar de trabajo (lo cual nos es más familiar que el más extremo cuchitril o la mansión de un millonario), creo que le da más puntos a favor, puesto que nos hacía partícipes de sitios reconocibles, cotidianos, en donde, sin duda, pasamos más tiempo y se desarrollan también tantos o más conflictos que los que tenemos en nuestros hogares. Y, a veces, la vida del trabajo queda casi inseparable de la privada. Porque ésta es una historia en donde no hay hermanas gemelas, madrastras,  embarazos o herencias millonarias que van a parar al hijo bastardo. Caray, ¡que ni siquiera se muere alguien! No. Se trata de una historia real, con conflictos que podemos tener todos, elaborados, en la mayoría de los casos, tanto como reflexión como con humor (que también es propio de la cotidianeidad latinoamericana) sazonando con ironía cada escena. Realmente, nos muestran gente común y corriente que trabaja, ama, sufre y desea. Los personajes no se oponen en buenos y malos y están suficientemente perfilados, llenos de matices, para parecernos cercanos y no estereotipos telenovelescos. Así, yo creo que era difícil odiar, por ejemplo, a Marcela sin sentir en algún momento verdadera compasión por ella, enamorada de un hombre que no sentía lo mismo que ésta y a quien trataba de retener a la fuerza. Sin embargo, al notar que en realidad todo estaba perdido, como las grandes, en lugar de ir y tomar un cuchillo (como haría la villana de María la del barrio), se dirige donde Betty y, sacando valor de algún lado para revelarle cuánto Armando la ama, le pide que haga algo por él, puesto que finalmente entendió que el amor “es desear el bien conmigo o sin mí”. La escena es la mar de fuerte.

Decía Chespirito que la clave del éxito eran muchas cosas trabajando bien en conjunto y yo pienso que aquí pasó eso, de ahí que tuviera tanto éxito. porque desde el guión, pasando por la dirección y los actores, estuvieron impecables. Tanto así que yo no recuerdo tener un momento o escena favoritas, si no que cada capítulo es una delicia, como ya dije, de lo bien hecho que está. En serio que no puedo escoger. Me encantan, por ejemplo, además del romance de los protagonistas, las situaciones compinches de Armando con Mario, en que el segundo (¡un desgraciado!) prácticamente se la pasa psicoanalizando al primero o la leal amistad de Betty y Nicolás y ni qué decir de la peliteñida tomando el bus o el pesado del papá de Betty jorobando a la hija… Aquí una fan intentó hacer un Top 10 y aunque hay varias importantes, yo recuerdo otras maravillosas como cuando Armando se confiesa a sí mismo que está enamorado de Betty, cuando éste se atreve a decírselo a Marcela, la cena de Betty y Daniel Valencia cuando él trata de seducirla descaradamente, la entrevista de trabajo de Betty y la peliteñida al inicio de la historia, Armando pagando una apuesta vestido de Drack Queen, Betty perdonando a Armando frente al mar, Betty llegando a la junta transformada de Cartagena, etc, etc, etc… (y no es que no haya más, si no que me quedo sin espacio en el post, por lo que sigo recomendando vehementemente, a quienes no lo hayan hecho o no la recuerden, que mejor vean toda la telenovela)…

Algo que me encanta, por ejemplo, de la selección de Ana María Orozco como protagonista, es que, a pesar de ser bastante guapa, no es la típica belleza despampanante colombiana, si no que en realidad resulta una mujer pequeña, delgada y sin demasiadas curvas, pero con un atractivo especial, de repente más natural que también llama la atención. Esto sirve también para cuando la transforman, puesto que esto de pasar de “fea” a “bella” resulta, basados en esta actriz, algo más elaborado que sólo maquillarla o vestirla mejor. La decisión del escritor, me parece, fue la de optar por un cambio de índole más bien espiritual (lo cual, digan lo que digan los detractores, era una transformación necesaria). Así, nuestra protagonista pasa de ser una Betty opaca, gris, insegura y mal arreglada a una mujer más empoderada, que más que físicamente bella, muestra un cambio interior que la hace más capaz de lidiar con el medio de la rodea, manteniendo su esencia (es curioso y hasta tierno que mantenga su torpeza, timidez y risa gangosa, que siguen develando su espíritu). En algún sentido hasta sigue siendo “fea” (ya que definitivamente no luce como una modelo y no tiene todos esos atributos que se exaltan en estas épocas: verborrea, habilidades sociales, cuna, etc… y aunque ya se viste mejor, ¡tampoco es una bomba sexy!), pero una “fea” que ha aprendido a sacar lo mejor de sí misma. Valora a un tipo de mujer que quizás es más real (apropo, aquí hay una entrevista a Ana María Orozco antes de hacer Betty la fea que nos muestra a una persona, creo yo, con muchas semejanzas con Betty en lo que respecta a inteligencia, sensibilidad e, incluso, cierta introversión).

bettyofsem

Definitivamente, Armando Mendoza, quien vendría a hacer aquí de galán, me resulta también un personaje fascinante en la medida que ubico al actor Jorge Enrique Abello como entregadísimo a su rol de neurótico egocéntrico encantador. El equipo que hace con Betty es fantástico ya que son bastante complementarios: él la alimenta con la enérgica seguridad que tiene en sí mismo y ella no sólo le retribuye con su trabajo, si no también le enseña a confiar y, con su incondicionalidad e integridad, despierta su humanidad. En alguna parte leí que, a diferencia de otras historias, donde los protagonistas primero se enamoran y luego se encaman, aquí sucedió al revés… No nos tenían preguntándonos: “¿A qué hora se acuestan?” si no: “¿A qué hora se enamoran?”… Creo yo, en una sociedad como la actual, donde es más fácil “quitarse la ropa que desnudar el corazón,” y en donde gran cantidad de relaciones comienzan por lo sexual, esto es más interesante, ya que las novelas tradicionales suelen poner como premisa lo que en realidad es siempre más difícil: encontrar el verdadero amor, lo cual a Armando se le revela prácticamente como un milagro. Y el proceso es bellísimo. Para empezar, Armando posee una gran oficina, con un cuartito anexo utilizado en principio a modo de depósito (según su padre, el anterior presidente, de la empresa, en donde “guardaban las cosas desechables… esas cosas que uno ya no utiliza pero que guarda la esperanza que algún día pueda volver a utilizar entones uno no se atreve a botar… y el archivo muerto”) y coloca allí a Betty porque en ese momento no tienen otro lugar (Patricia, que también es contratada va en un sitio más público que en principio le correspondía a Betty). Betty, dada su baja autoestima y a que necesitaba el trabajo (uno de mucho menor rango al que le correspondería dado su nivel de estudios), acepta. De modo simbólico, me da a entender que ella en ese momento “está en el lugar en que debe estar” puesto que nadie allí la considera… ni siquiera ella misma. Pero ella decora ese cuartito y lo vuelve más acogedor y, poco a poco, cuando empieza a demostrar su talento y brillantez, sale cada vez más de tal lugar. Así, para cuando Armando empieza a enamorarse de ella, ya no es tanto ésta la que debe dirigirse a su escritorio, si no que es éste quien acude, casi buscando salvación “a ese lugar olvidado”. Al darse cuenta de sus sentimientos por ésta, llega el momento, precioso, en que, ya habiendo salido ella de la oficina, él se sienta en la silla de ésta y se lo confiesa a sí mismo. Y sí, tenía que hacerlo en el la silla de ella, en el lugar de ella para que tuviese más significado. Luego, cuando Betty descubre el engaño del cual ha sido víctima, sale definitivamente de esa oficinita y se va a un viaje de renovación de la mano quien fungiría de su hada madrina, Catalina Ángel (de nuevo, aquí la sutileza de Gaitán para escogerle a un personaje con un rol semejante tal apellido).

Dicen que “toda crisis genera un cambio” y ése es el que se manifiesta en esta novela en donde, luego de revelarse los enormes problemas de la empresa (que creó Armando debido a su gran ego con la ayuda de Betty y aceptar por fin éste que la amaba luego de todas las perradas que le hizo para conservar Ecomoda), ambos protagonistas pasan por el peor momento de sus vidas, del cual deben recuperarse. Betty, con la misión de superar su amor por Armando y volverse una mujer más fuerte. Armando, tratando de recuperar a Betty, volverse un mejor ser humano. Pero él tiene más que pagar que ella y debe salir de esa crisis solo. Me encanta que, mientras ella se está recuperando y aliviando su dolor al lado de mucha gente que la aprecia bajo el brillante sol de Cartagena; él camina de bar en bar, solo en las noches de Bogotá, buscando pelea, buscando que lo maten, sin poder con su conciencia. Y es que el contraste con lo que le pasa a él VS lo que le ocurre a ella se evidencia aún más cuando una noche, éste toca fondo y prácticamente le rompen los huesos en un bar, amaneciendo al día siguiente con el rostro casi desfigurado por los golpes… en tanto Betty, ya en la última etapa de su cambio de look, despierta arrullada por las olas del bello mar cartageno mirando su nuevo rostro en el espejo, en una actitud casi reconciliada con la vida. ¿Quién fue realmente, durante todo este tiempo, el “mounstro”? No recuerdo demasiadas historias con tantísimo subtexto. Y la única manera de que nuestros protagonistas puedan estar juntos, creo yo, es que ambos se sometan a ese proceso de transformación que los lleve a estar realmente a la altura del amor que se profesan. Betty, ahora la “linda”, retorna a Ecomoda, pero ya no “al rincón de los objetos olvidados,” si no a la oficina de presidencia, lo suficientemente empoderada como para sacar a ésta de su crisis, en tanto Armando cierra los ciclos que le permitirán finalmente ser feliz y merecer a Betty: termina con Marcela, no vuelve a meterse con otras mujeres, bota de la empresa al sinvergüenza de Calderón y (creo yo, lo más difícil para un hombre) admite públicamente sus errores y malos manejos que por poco provocan que se pierda Ecomoda. Quizás, la “moraleja” de esta novela es que los errores se pagan, pero siempre hay una oportunidad cuando decides hacer por fin las cosas bien…

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Ahora, quizás mi única queja contra el autor fue la rapidez con la que decidió los desenlaces, que si bien fueron los correctos, debieron tener 2 o 3 capítulos más para darles, por ejemplo, un final más elaborado tanto a Marcela como a Patricia (dado el peso que tuvieron en la trama) y no solamente verlas salir por el ascensor en precipitada renuncia. Yo imagino que a Marcela le habría llegado también el turno de irse de viaje para recuperarse y que Patricia, so pretexto de acompañarla, lo más probable es que viviese un tiempo a sus expensas. Y, a pesar de lo que pudieran decir los detractores de los últimos minutos rosas (es decir, ver a los protagónicos terminar en boda) yo pienso, ¿por qué no? Al fin y al cabo, una telenovela aunque innovadora, inteligente, atrevida y portadora de valores positivos, puede seguir dándose el lujo de hablar de amor (que parece ser, según grandes filósofos, literatos y pensadores de la humanidad, al término del camino siempre la respuesta)… 

vidabettyPuede que finalmente me quede corta en mi análisis. Y de hecho siempre pueden seguirse sacando más cosas, pero si algo se me queda en el tintero y quiero decirlo, probablemente sea después motivo para hacer otro post… A modo de bonus, les dejo unos pequeños regalos:

– La versión original de Tita Merello de la canción “Se dice de mí” sobre la cual se basó Yolanda Rayo para hacer un tema de entrada algo más “tropicalizado.”

– La pieza más bonita, desde mi punto de vista, de los temas musicales incidentales de la historia (sí, aquella melodía conmovedora que sonaba cada vez que Betty abría su diario –en este link pueden encontrar también varios pasajes-).

– Desde luego, vi Ecomoda (aquella miniserie continuación de nuestra historia)… Y aunque no me gustó demasiado ya que, desde mi punto de vista, hay poco que contar de gente que ya es bastante feliz, sí tuvo algunos capítulos bastante buenos que un “Betty fan” no puede perderse (y esta “Betty fan” en los últimos meses se la ha pasado no sólo hojeando ambas producciones, si no que ya exageró y hasta terminó Betty Toons y Betty la feita, arrasando con cuanto reportaje y entrevista hubiera a su paso para averiguar luego las cuentas de twitter tanto de Ana María Orozco y Jorge Enrique Abello así como de Fernando Gaitán, a los que ahora sigue con fervor XD). La verdad de la milanesa es que me gusta tanto su amor, amo tanto su amor, que ver escenas tan simples como la de “los despertadores,” no hacen si no agravar mi adicción… (seeee, definitivamente soy un caso).

Hasta una próxima adicción… Creo que me resultó un post digno del mes del amor :)

MC

p.d.: Agrego a la revisión de este post (ahora en marzo) una nota sobre el sensible deceso ocurrido este mes de la inolvidable Celmira Luzardo , mejor conocida como Catalina Ángel, a quien Gaitán le dedicó una hermosa nota.

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Written by MariCarmen

27 febrero, 2014 a 23:10

Publicado en Sin categoría

2 comentarios

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  1. yo vi esta novela cuando la dieron en tv y recordaba que era buena apenas ayer la termine de ver nuevamente y me parecio aun mejor que la primera vez, realmente excelente, aunque no me gusto como termino marcela me parece que era una excelente mujer

    marge

    10 junio, 2014 at 12:49

  2. […] intentamos explicarlo. En su Blog de notas, una chica que se hace llamar MariCarmen expresa muy bien la idea, recalcando que el verdadero […]


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