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Mi casa

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” En la vida tienes unos cuantos sitios, o quizá uno solo, donde ocurrió algo; y después están todos los demás sitios”.

(Alice Munro)

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Hace unos días, hice un corto viaje por vacaciones de Semana Santa con unas amigas al sur. Aunque la idea no era detenernos en Pisco, a la regresada, casi como jugando, finalmente lo hicimos. En realidad, por mí lo hicieron. Y es que mi corazón dio un salto el día anterior cuando la posibilidad, de pronto surgió.

Creo que ya lo he mencionado antes. Mis abuelos tenían allá una gran casa, siendo la anécdota, el hecho de que la hermana de mi abuelo se compró este lugar gracias a salir premiado su billete de lotería. Como era una persona soltera y sin hijos, invitó a su hermano y a su familia a vivir con ellos. En ese lugar se instalaron mis abuelos (y luego sus 5 hijos), como una gran familia. La casa era enorme y lo suficientemente cómoda para todos y allí vivieron juntos una buena e inolvidable parte de su vida.

Luego, esos 5 hijos se fueron a vivir a Lima y aquella casa se convirtió, eventualmente, en el destino usual de las vacaciones. Cuando era niña, ir a la casa de mis abuelos en Pisco me hacía tanta ilusión como ir a Disney: la playa a la salida de la puerta trasera, los gordos libros antiguos, la gran mecedora de paja, el pan fresco de la tarde, los helados inacabables y el sol siempre brillante… Iba allí con mis papás o mi tía a pasar unos días tranquilos y llenos de cariño. Aquellos años de mi infancia eran difíciles en el país: terrorismo, inestabilidad, grandes problemas económicos… pero mis papás se las ingeniaban para darme tranquilidad. Era eso al menos lo que sentía y lo que recuerdo.

Y lo cierto es también que aquellos años fueron los mejores. Cuando uno es niño, no vive en el pasado y el futuro se ve como tan lejano, que es dejado para después. Por ende, sólo disfrutas del presente. Creo (a mis 30 y pocos), que ando en esa etapa de mi vida donde mi capacidad de disfrutar ha disminuido en función de lastres del pesado y temor hacia el futuro, de ahí mi sentimentalismo para con esa época en donde la vida era tan sencilla y “era feliz… y no lo sabía”. Aquella casa me acompañó hasta eso de mis 12 años, luego de la muerte de mi abuelo y de la sabia decisión de vender la casa para trasladar a mi abuela a Lima.

Escribo esto desde mi nostalgia. Mi abuela murió el año pasado y la hermana de mi mamá, mi tía que solía llevarme a la playa, está ahora muy enferma (si bien el pronóstico parece ser bueno, igual preocupa). Aunque no soy una persona especialmente familiar por mil motivos (sin contar que además, rencorosa) y no es que mis relaciones fueran de lo más fluidas (porque cuando una actitud no me gusta, opto por apartarme), parece ser cierto eso de que la sangre llama. Aunque la casa se vendió hace casi 20 años (después de la muerte de mi abuelo) y ya no queda nadie allí a quien visitar, una parte de mí ansiaba echarle un vistazo a aquel pequeño gran rincón de mis recuerdos.

“Uno vuelve siempre, a los viejos sitios donde amó la vida
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas…” (Mercedes Sosa)

La casa, intacta y con un segundo piso que antes no tenía, sigue estando bien conservada, aunque convertida en hotel por los nuevos dueños. El panorama, sin embargo, ya no es el mismo porque Pisco ya no es la ciudad que era hace 20 años (demás está decir que se ha venido mucho a menos), pero mi feeling por una época que fue y ya no volverá sigue intacto. No miento al decir que aquella visita me arrancó muchas lágrimas. Lloré por mis recuerdos, por mi abuela (a quien quizás hubiera abrazado más), por mi tía (a quien debería abrazar más), por el pasado, por el futuro, por mis frustraciones, por el mar, por mi soledad, por la cantidad de sentimientos casi siempre presos en mi interior y que tanto me cuesta expresar. Algo en mí sufre por la persona que no es y que pudo haber sido, por lo que no tengo y pude haber tenido y, creo que, sobre todo, por la culpa de no sentirme lo suficientemente enrumbada o no haberme convertido en alguien mejor.

Y, sin embargo, algo muy dentro de mí aún lucha por seguir con vida.

 

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Written by MariCarmen

31 marzo, 2016 a 17:11

Publicado en Sin categoría

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